TNT THEATRE BRITAIN y TERRUÒO ESPRESSIVO presentan:

DON QUIJOTE DE LA MANCHA

adaptación de la novela de Miguel de Cervantes
por Paul Stebbings y Phil Smith
música original de Paul Flush
director: Paul Stebbings

La novela “Don Quijote” es considerada el punto más alto de la literatura espanola y fue seleccionada como la “mejor novela de todos los tiempos” por el comité de los Premios Nobel. Al intentar dramatizar esta novela cualquier grupo teatral debe preguntarse por qué desea hacerlo, a la vez que intenta hacerle justicia a la calidad de la novela original. De este modo, tanto la obra teatral como el libro, dejan de ser simplemente una comedia acerca de un hombre tonto que suena con ser caballero. Una dramatización debe ser una simplificación, por ello hemos intentando conservar la clase de entretenimiento presente en el libro original al mismo tiempo que dramatizamos su esencia. Intentaré ahora analizar esa esencia como una manera de permitirle al público profundizar en nuestra aproximación teatral a una de las mejores, y quizás la más extensa, novela de la literatura mundial.

“Don Quijote” no es uno, sino dos libros. Cervantes finalizó su primer volumen en 1605 y no tenía intención de escribir un segundo volumen. Sin embargo, una “falsa” segunda parte fue publicada, y un furioso pero intrigado Cervantes decidió redactar su propia segunda entrega. Los dos volúmenes escritos por Cervantes son radicalmente distintos. Nada que ver con una aburrida secuela hollywoodiense. Cada una de las partes de nuestro espectáculo representa cada uno de los volúmenes.

Ambos libros tratan sobre libros, algo extraordinario considerando que el público general apenas había comenzado a leer. La imprenta transformó el Siglo XVI tanto como el cine transformó el Siglo XX. Lo que hace Cervantes es reflexionar sobre la masiva popularidad de la ficción simplista, especialmente los romances de caballería así como la fantasía arcaica (quizás los equivalentes de aquella época a nuestras actuales películas de acción y telenovelas).

En el volumen uno de “Don Quijote”, libros seductores pero falsos desembocan en absurdos comportamientos. De esto es prueba el mismo Don Quijote, cuya fantasía es impulsada por la lectura de libros también fantasiosos. Nosotros, como lectores, no tenemos la menor duda de que el libro de Cervantes es “verdadero” y que el Senor Quijano y su imprudente escudero viven enganándose a sí mismos. Sus fantasías constantemente se estrellan contra la cruda realidad de La Mancha. Cervantes nos hace creer que el libro fue escrito por alguien más, un moro llamado Cide Hamete Benengeli, e incluso nos lleva a suponer que existió una última aventura de Don Quijote de la cual no se tienen mayores detalles. Allí termina Cervantes su primer libro.

Este primer volumen fue un gran éxito, tanto que alguien decidió escribir una falsa secuela. A Cervantes le sorprendió que dicha secuela no tuviera ni una pizca de ironía y que simplemente se limitara a crear más aventuras. Esto le demostró que el público estaba malinterpretando su novela original. Los lectores preferían las fantasías de Don Quijote y Sancho Panza que la dura realidad que exponían dichas fantasías. Es así como Cervantes encuentra su toque de genialidad: se da cuenta de que un nuevo volumen de las aventuras de Don Quijote debería tomar en cuenta dicha reacción del público y tratarse, en efecto, sobre dicha reacción.

De este modo, el segundo libro es, desde el comienzo, un libro completamente diferente. Primero que nada, el mundo entero ya había leído sobre Don Quijote y su fiel escudero, lo cual alaga tanto como enfurece al Caballero. En segundo lugar, la dura realidad del primer libro es remplazada por una realidad fluctuante en el segundo: todos los acontecimientos importantes son cuestionables, son creaciones de los hombres, y muchas veces solo trucos y ardides. Y no solo los dos héroes son enganados, los lectores también somos constantemente confundidos. Nunca estamos seguros si las cosas realmente están pasando o si son solo artificios preparados por alguien más. Los dos personajes viven en la incertidumbre y nuestro valiente caballero está constantemente atacando sombras, marionetas e impostores, mientras que en el primer libro lo vimos atacando a gente muy real que le respondía el ataque, a veces de forma perversa. En el segundo libro, incluso el mismo Sancho engana a su pobre amo, diciéndole que una fea campesina es su amada Dulcinea y que él sí puede ver su belleza, por lo cual Don Quijote debe estar embrujado. En este segundo volumen, Cervantes también pone mayor énfasis en el personaje de su ficticio autor, el moro Cide Hamete (véase la segunda parte de estas notas). Los grandes manipuladores, sin embargo, son el Duque y su corte, quienes despiadadamente se burlan de nuestro héroe. Por otro lado, y quizás desde un punto de vista más positivo, los aldeanos del pueblo de Don Quijote idean una cura: mandar a uno de los suyos para que pretenda ser el Caballero de la Blanca Luna, el cual enfrenta la fantasía con otra fantasía y salva a Don Quijote de sí mismo. ?O no lo salva? Porque sin sus “nobles” suenos, a Don Quijote no le queda más remedio que morir. Cervantes se pregunta si podemos vivir sin nuestras fantasías, ya que si esas fantasías son nobles, tal vez sea mejor conservarlas antes que abandonarlas para vivir en la insípida realidad.

Esta es la interminable riqueza de Don Quijote. Su habilidad para cuestionar la condición humana en su totalidad, para exponer nuestra propia locura y sugerir que en nuestro deseo por crear fantasía somos nobles, incluso si nos estamos enganado a nosotros mismos. De esta manera, así como la aldea de Don Quijote no tiene nombre y con ello se convierte en todas las aldeas, así todos nosotros somos Don Quijote y Sancho Panza: despojados de nuestros propios enganos tendríamos muy poco por qué vivir en esta dura vida. Todos “luchamos contra molinos” y quizás esto no sea algo tan malo.